
Hoy leí en un muro del MamBo (Museo de arte moderno de Bogotá) una frase que decía: "Si ríes, el mundo ríe contigo, si lloras el mundo reirá el doble", firmada por alguien llamado Fernando. Y bueno, me puso a pensar la situación posible en la que este chico o señor pudo haber escrito esto, ¿En qué estado anímico estaba? ¿lo inventó él o lo copió de por ahí? ¿si creerá en esto?... En fin, muchas cosas más...
Ciertamente la risa es la más pura manifestación de felicidad, pero la risa sincera, no la que está forzada a salir por complacer a alguien o la risa que hiere con toda intención. ¿Cuál será la risa que obliga al mundo a reir mientras uno lo está haciendo? ¿Si utilizas la risa para humillar a alguien, será ese el reflejo de que el mundo también está riendo para humillar?. La risa puede significar miles de cosas, puede salir del corazón, de la mente, de la vergüenza ajena o de la timidez personal, y eso se muestra también en la manera en que se deja salir de la boca...
Muchas veces reí para herir, otras lo hice por consolar o quizás por no hacer sentir mal a alguien y eso se me notó porque no era mi risa peculiar, la que me sale del alma y naturalmente. Bueno, quizás no era mi interés ocultar la falsedad. Si en realidad el mundo riera mientras yo lo hago, todo sería distinto, y si... Es verdad que cuando yo lloro el mundo rie el doble, me parecería injusto que se tenga que inclinar ante mi dolor cuando lo siento, ¿y luego qué tiene que ver el mundo entero con mi dolor? Mejor que siga dando vueltas y riéndose de la risa de los demás. Sé que estoy generalizando al mundo, pero creo que acabo de salir de mi cúpula, de mi pequeño mundo y he dado el gran paso hacia el mundo general, el que todos conocen, aman y odian, y mientras lo exploro y me acoplo al oxígeno que todos respiran me quedo con la sensación de que podré reir tranquilamente sin importar si el mundo lo hace conmigo o no, y en cuanto al llanto creo que ya quedó atrás, se quedó pegado a la sombra que jamás volveré a pisar, y nunca jamás pensaré en querer pegarla con jabón, creo que eso sería muy injusto para mi. Así que simplemente me queda hacer una gran (y sincera) sonrisa y decirme Bienvenida al mundo real, mientras trago la pastilla roja.
¡¡Fui invitada a la felicidad y la acepté!!